viernes, 19 de febrero de 2010

2 de noviembre de 2009

2 de noviembre de 2009
 
CANTO A LA VICTORIA
 
Como gloriosos laureles un revuelo de flores corona mis pensamientos.
El viento primaveral despliega mis alas de Victoria de Samotracia.
Tan cierta y eterna, como ella, como ese mascarón de proa, cruzo los mares de mi interioridad, y voy dibujando tras de mi una estela eterna y circular.
Tampoco tengo cabeza, como ella, porque perdí la razón: a ésta la confiné en el fondo del mar, con los restos de los viejos barcos allí enterrados.
Pero las alas, como la Victoria, las mantengo abiertas a los vientos, expongo mi cuerpo a las brisas para que me abracen con su dulce calidez y el agua salada moje mis vestiduras
y las confunda con mi piel.
En el Louvre, en el cuadro de mi casa, o desde una postal, ella me saluda.
Nos guiñamos un imaginario ojo con la complicidad de sabernos trascendentes y ciertas.
Ana Castillo

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